
La conversación sirvió para aclarar varios criterios como:
a) Que la iniciativa parte de una persona, a quien Palacios bien conoce y que prefirió darla a conocer como un proyecto de la nación e implementado y desarrollado por personas desde y dentro de Cuba.
b) Que el proyecto se concibió desde el primer momento sin una estructura vertical, que los municipios como estrategia de lucha son independientes y autónomos entre sí. No hay una representatividad en el exterior, ni siquiera de su fundador y mucho menos dentro de Cuba, o sea, que no hay cabeza. Esa cabeza tan necesaria para descapitar y descapitar el proyecto.
c) Que el proyecto es así y todo el que lo comprenda puede participar, pero ajustándose a los lineamientos y normas metodológicas. Nadie puede cambiarlo, y quien lo haga no está dentro de las directrices, que bien puede ser por intereses personales de protagonismo o como mecanismo de distorsión de la idea, por intereses de la Seguridad del Estado cubana.
d) Que el proyecto no interfiere en las responsabilidades y lineamientos de otros grupos o partidos, que es el ejercicio de la gobernabilidad democrática en funciones.
e) Que el objetivo principal del proyecto es la masividad y descentralización de la lucha, para romper con los esquemas anteriores que hasta la fecha no han logrado gran impacto social. Que la oposición tenga voz y rostro en todo el territorio nacional, no solo en las partes visibles de las capitales de las provincias y la nación.
f) Que el proyecto contempla la infiltración de los agentes de la Seguridad del Estado, que tendrán que competir en resultados, enfrentando públicamente al gobierno, si no quedarían descaracterizados . La población será la encargada de pasarle la cuenta a los infiltrados dentro de Cuba y la historia a los infiltrados en el exterior.
En el contexto de todas estas premisas, Héctor Palacios reconoció qué hasta él, podría comenzar a estructurar el municipio del Vedado, en la Habana. “Ahí lo tienes”, concluyó Blanco.